viernes, 11 de abril de 2014

CHIQUILIN

                      

                                          Chiquilin fue bautizado por mi marido. Siendo la casi siempre autora de buscar nombre de gatos no me gustaba ninguno que le cuadrara y sin ton ni son, sin causa ninguna empezó a llamarlo Chiquilín. Y así se quedó.
                            No dispongo de fotos de adulto, pero tiene una cara de pillo......
   

                           Quien sabe qué iones o corriente se creó entre padrino y gato, la cuestión es que le hacía más caso a él que a mí.
                           Yo soy la que cuido siempre de todos ellos, desde el mismo instante que están en casa y por lo general hacen bastane caso a la persona que les da de comer. Pero ésta vez no fué así. Éste gato conectaba perfectamente con el amo.
                          Empezó por seguirle a todos los sitios cuando le parecía bien. Aprendió la  hora en que se levantaba y cuando volvía a casa. Si a la hora de levantarse seguía durmiendo, el minino entraba en la habiación y se subía a la cama intentando lamerle, si estaba cerrada no paraba de maullar hasta que mi marido le abría la puerta (osea que era un despertador gatuno). Luego, cuando volvía a casa después del trabajo, el gato lo esperaba en los alrededores  de la entrada (vivimos en el campo) y salía a su encuentro con algún maullido, dándole así la bienvenida.
                           Sin lugar a dudas ese contacto era genuino. Pero no estamos muy seguros de que esa conexión viniera por el ritual de los dos para  unirse en la inspección de los corrales porque el seguimiento fué anterior.
                           Los sábados era una fiesta para Chiquilín pues se hacía limpieza de gallinero y siempre salía algún ratón que perseguía y se lo pasaba en grande jugando con él. Ni que decir tiene el final del triste roedor, no tenía ninguna posibilidad, no se le escapaba ni uno. Bueno sí, a saber UNO en cierta ocasión: 
                            Un día los acompañé al palomar dispuesta a limpiar los nidos ya abandonados. Habíamos entrado poco pues en época de cria preferíamos molestar sólo lo imprescindible. Era un local rectangular más grande que el salón de un piso. En un lateral a un metro de altura del suelo había un poyo de obra así que también de obra se hicieron los nidos, algunos de madera los colgamos de la pared. En el suelo se dispusieron comederos y el agua, que no les llegaba a faltar gracias a un sistema por el cual a medida que bebían se rellenaba. Y en lo alto unas barras en paralelo servían para que se posaran la gran cantidad de palomos, llegamos a tener casi un centenar.    
 

                            Nadie sospechaba el curioso suceso siguiente.                              En el suelo había un cajón con medio saco de paja que se utilizaba para cubrir el fondo de los nidos. Mi marido tropezó con él y salió un ratón. El gato  con ojo avizor en dos segundos lo cogió, quedando ipnotizado en el lugar por donde salió, no era la primera vez que ambos realizaban una rutina similar. Llevado por la intuición, levantó un poco el saco y en el acto salieron dos más, en un santiamén, fueron  cazados. Levantó otro poco y empezaron a salir ratones por todas partes..... aquello era un super nido... cinco seis siete.... Gato y amo tratándo de que ninguno se escapara...... ocho, nueve..... Chiquilín los iba cogiendo uno a uno y los tenía TODOS EN LA BOCA no supimos cómo era posible que sujetara todos a la vez, en mi vida he visto cosa igual. A medida que los iba cogiendo suponíamos que no podría aguantarlos más, sinembargo se le escapó el que hacía ONCE.  
                              Cuando no tuvo más remedio que abrir la boca cuatro o cinco estaban dispuestos a esfumarse, pero estaban medio aturdidos y mi marido le facilitó el trabajo. En cuestión de pocos segundos uno y otro fueron dejando al resto cao.
                               Se dió un festín fabuloso. A saber se los comió todos, gracias a que algunos eran crías, por tanto más pequeños. 
                               Si no fuera porque lo vi con mis propios ojos, no lo hubiese creído, pensaría que era una exageración de la persona que lo cuenta. Pero es muy cierto, no pongo ni quito nada.
                               El episodio ha quedado en los anales de la historia familiar, aunque mis hijos no lo conocieron. 
                               Se puede decir sin lugar a dudas que Chiquilín fue uno de los mejores gatos ratoneros que hemos tenido.



                                         Pequeñina es la gata que sirve de entrada al blog y protagoniza el siguiente relato. Pincha en ella para leer.

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